EL TRABAJO DEL PINTOR

Reseña de "El Trabajo del pintor", por Álvaro Martínez-Novillo

Cabe preguntarse si está todo dicho o no en la pintura de paisaje, del mismo modo que cabría preguntarse si ya está todo escrito en poesía bajo la forma del soneto. Hay manifestaciones artísticas que han logrado ser intemporales y no en su demérito, sino como parte muy principal de su virtud. Porque la creación artística no es exclusivamente una carrera sin reposo hacia una meta no vislumbrada en la que lo único que se valora es ir por delante. El arte es un hecho en sí mismo y el gozo por el arte, aunque al final derive en colectivo, en su origen no es sino un íntimo y emocionante disfrute. Y puesto que afortunadamente hay libertad, cada cual elige según su sentir, bien sea como creador, bien sea como espectador. Por tanto respondemos que, en nuestra opinión, la pintura de paisaje a buen seguro todavía tiene mucho que decir y esto es lo que Antonio Escobar nos demuestra en su exposición actual. Si pensamos en su anterior cita en esta misma sala, recordaremos muchos de sus hallazgos y un conjunto de gran valor que proclamaba que el pintor estaba comprometido con el paisaje. No era este el único género que cultivaba, como bien nos había demostrado en otra anterior exposición del Museo de la Ciudad, pero sí es cierto que en su última cita con el público de Madrid se había jugado todo a la carta el paisaje. Y fue un espléndido conjunto de buena pintura. Pero ahora el artista ha dado un nuevo paso adelante que nos manifiesta hasta qué punto está encelado con el paisaje y cómo ha aceptado el reto de desentrañar su esencia, su íntima estructura. Algo que, por cierto, arranca de Cézanne y de los cubistas y en lo que, como dijimos, pensamos que no se ha dicho todavía la última palabra. También lo piensa Antonio y ha puesto manos a la obra en un proceso de construcción/destrucción muy indicativo de hasta qué punto un pintor está enzarzado en un tema. Él nunca ha negado a sus maestros y esto le honra, porque nos han enseñado que seguir la senda de los sabios era una gran virtud. Quizás esto suene ahora un tanto extemporáneo, pero no es una simple apariencia porque actualmente, en esta aldea global, es muy difícil, sino imposible, ser autodidacta, aunque se trate de un pastor perdido en los montes. Personalmente me gusta mucho el camino emprendido por Antonio. Se ve que está luchando con cada lienzo y se adivina en cada uno de ellos varias capas de materia. Está construyendo con ella, pero también quedan evidentes, bien al descubierto, las estructuras primarias de sus casas, sean estas inventadas o recreadas. Nos parece que hay mucha verdad en su trabajo y eso, en las presentes circunstancias, es un auténtico tesoro, no de cara a la galería, sino al interior del artista que está creando una obra fuerte y sincera. Nos parece un paso muy importante de alguien que no gusta de dormirse en los laureles, merecidos pero ya pasados. Así, en cada una de sus pinturas actuales, de sus fuertes paisajes, se vislumbra un gran horizonte.

Álvaro Martínez-Novillo.